22 de septiembre de 2009

Oliverio dice, y nosotros hacemos caso

¿Resultará más práctico dotarse dé una epidermis de verruga que adquirir una psicología de colmillo cariado?Aunque ya han transcurrido muchos años, lo recuerdo perfectamente. Acababa de formularme esta pregunta, cuando un tranvía me susurró al pasar: “¡En la vida hay que sublimarlo todo... no hay que dejar nada sin sublimar!” Difícilmente otra revelación me hubiese encandilado con más violencia: fue como si me enfocaran, de pronto, todos los reflectores de la escuadra británica. Recién me iluminaba tanta sabiduría, cuando empecé a sublimar, cuando ya lo sublimaba todo, con un entusiasmo de rematador... de rematador sublime, se sobreentiende.Desde entonces la vida tiene un significado distinto para mí. Lo que antes me resultaba grotesco o deleznable, ahora me parece sublime. Lo que hasta ese momento me producía hastío o repugnancia, ahora me precipita en un colapso de felicidad que me hace encontrar sublime lo que sea: de los escarbadientes a los giros postales, del adulterio al escorbuto.¡Ah, la beatitud de vivir en plena sublimidad, y el contento de comprobar que uno mismo es un peatón afrodisíaco, lleno de fuerza, de vitalidad, de seducción; lleno de sentimientos incandescentes, lleno de sexos indeformables; de todos los calibres, de todas las especies: sexos con música, sin desfallecimientos, de percusión! Bípedo implume, pero barbado con una barba electrocutante, indescifrable. ¡Ciudadano genial —¡muchísimo más genial que ciudadano!— con ideas embudo, ametralladoras, cascabel; con ideas que disponen de todos los vehículos existentes, desde la intuición a los zancos! ¡Mamón que usufructúa de un temperamento devastador y reconstituyente, capaz de enamorarse al infrarrojo, de soldar vínculos autógenos de una sola mirada, de dejar encinta una gruesa de colegialas con el dedo meñique!...¡Pensar que antes de sublimarlo todo, sentía ímpetus de suicidarme ante cualquier espejo y que me ha bastado encarar las cosas en sublime, para reconocerme dueño de millares de señoras etéreas, que revolotean y se posan sobre cualquier cornisa, con el propósito de darme docenas y docenas de hijos, de catorce metros de estatura; grandes bebés machos y rubicundos, con una cantidad de costillas mucho mayor que la reglamentaria, a pesar de tener hermanas gemelas y afrodisíacas!...Que otros practiquen —si les divierte— idiosincrasias de felpudo. Que otros tengan para las cosas una sonrisa de serrucho, una mirada de charol. Yo he optado, definitivamente, por lo sublime y sé, por experiencia propia, que en la vida no hay más solución que la de sublimar, que la de mirarlo y resolverlo todo, desde el punto de vista de la sublimidad.

de Oliverio Girondo, 10, Espantapájaros

3 comentarios:

flora dijo...

grandes palabras esas
grandes, pesadas y ruidosas en un buen sentido
estridentes y brillantes

tanto, que apesar de haberlas leído en varias oportunidades, siguen revelando algo nuevo, siguen causando un efecto interesantes, ganas de recuperar el paso de ese peaton afrodisíaco que, afortunadamente, alguna vez supimos ser..
te quiero juli
mañana te veo entre fotocopias, cazadores-recolectores y mates.
besos!

agust dijo...

uf juli
q flash encontrar a alguien tan sacado con julio.
tengo problemas de necrofilia con el señor ese.
me gusta mucho tu paginita, esta llena de cositass!

nos vemos,

agus(antro)

Gabriela dijo...

Exquisito ese Oliverio...
Pensar que si hubiera tenido un tercer hijo...hubiera sido Oliverio...

Tu página cada vez mas atractiva!!!!