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1 de abril de 2011

me enseñas recuerdos en escorzo, me haces señas con las delicias, vivas, del pasado, invitándome

Beso será. Parecen otras cosas.
Parecen tardes vagas, sin destino,
errantes por el tiempo: y nos esperan.
Al borde de los labios, de la vida,
se estremecen palabras, nombres, síes
buscándose su ser, y no lo encuentran;
retornan al silencio, fracasadas.
No querían hablar, lo que querían
es hablarte, y no estás.
Pero ellas, todo
esto que nada es, esto que vive
en tierna primavera distraida
espera su cumplirse cuando llegues.
Todo es labios, los míos o los tuyos,
hoy separados. Lo llamamos hojas,
brisa, tarde de abril, papel palabras,
y esta gran soledad
de bocas solas con sus almas solas,
besos será, se encontrarán en el beso,
dado por esos labios ardorosos
que se llaman la ausencia, cuando acaba.

Es de Pedro Salinas y está en el libro Razón de Amor,
lo escribió en el año 1936, en Madrid, o por ahí.
A mí, Julieta,
en Buenos Aires, Escalada o La Esmeralda,
por el año 2010, o 2011,
me encanta

24 de marzo de 2011

en la orilla se paran, las ansias y los besos

No se escribe tu nombre
donde se escribe, con lo que se escribe.
En las aguas escribe
con verde rasgo el árbol.
En el aire las máquinas
improvisan nocturnos,
tocan su seca música
de alfabeto romántico.
En los cielos abiertos,
van trazando los pájaros
códigos de los vuelos.
Tu nombre, no se escribe
donde se escribe con lo que se escribe.

Las estrellas se leen
con largas lentes claras,
que descifran su tedio
de enigmas alejados.
Las tierras más remotas,
con colores azules,
verdes, rosas, entregan
su secreto en los mapas.
Y el pasado se ve
tan escrito en los ojos
que mirar a alguien bien
es elegía o cántico
que brotan del azul,
del verde, de lo negro.
Tu nombre no se lee
donde se lee, con lo que se lee.
La aurora borra noches,
el mediodía auroras,
y las tardes le quitan
forma, ser, a los días.
El tiempo borra el tiempo,
queda sólo un gran blanco.

Pero tu nombre, ¿quién,
dime, quién va a borrarlo,
si en nada se le lee,
si no lo ha escrito nadie,
como lo digo yo,
como lo voy callando?




No se escribe tu nombre, de Pedro Salinas, en Razón de amor 1936

10 de marzo de 2011

tu destino será idéntico a tu deseo

"No sé de dónde saqué el valor para volver a casa de Frau Schmitz. ¿Quizá la educación moralizante se revolvía de algún modo contra sí misma? Si la mirada concupiscente era por sí misma tan mala como la satisfacción del deseo, y la fantasía activa tanto como el hecho en sí mismo, entonces, ¿por qué negarse a la satisfacción y al hecho? Día a día constataba que no podía alejar de mí aquellas ideas pecaminosas. Hasta que llegó un momento en que deseé el pecado. (...) No sé por qué lo hice. Pero en lo que sucedió en aquellos días reconozco hoy el mismo esquema por medio del cual el pensamiento y la acción se han conjuntado o han divergido durante toda mi vida. Pienso, llego a una conclusión, la conclusión cristaliza en una decisión, y entonces me doy cuenta de que la acción es algo aparte, algo que puede seguir a la decisión, pero no necesariamente. A lo largo de mi vida, he hecho muchas veces cosas que era incapaz de decidirme a hacer y he dejado de hacer otras que había decidido firmemente. Hay algo en mí, sea lo que sea, que actúa; algo que se pone en camino para ir a ver a una mujer a la que no quiero volver a ver más, que le hace a un superior un comentario que me puede costar la cabeza, que sigue fumando aunque yo he resuelto dejar de fumar, y deja de fumar cuando yo me he resignado a ser fumador para el resto de mis días. No quiero decir que el pensamiento y la decisión no influyan para nada en la acción. Pero la acción no se limita a llevar a cabo lo que he pensado y decidido previamente. Surge de una fuente propia, y es tan independiente como lo es mi pensamiento y lo son mis decisiones"
.
.
El lector, de Bernhard Schlink, 1997

2 de marzo de 2011

el deseo era un punto inmóvil

Los cuerpos se quedaban del lado solitario del amor
como si uno a otro se negasen sin negar el deseo
y en esa negación un nudo más fuerte que ellos mismos
indefinidamente los uniera.

¿Qué sabían los ojos y las manos,
qué sabía la piel, qué retenía un cuerpo
de la respiración del otro, quién hacía nacer
aquella lenta luz inmóvil
como única forma del deseo?


de José Ángel Valente, 1960

19 de febrero de 2011

todo es bueno si deforma un cuerpo

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
como nace un deseo sobre torres de espanto,
amenazadores barrotes, hiel descolorida,
noche petrificada a fuerza de puños,
ante todos, incluso el más rebelde,
apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
todo es bueno si deforma un cuerpo;
tu deseo es beber esas hojas lascivas
o dormir en ese agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
levantó hacia las aves con manos imperecederas;
no importa la juventud, sueño más que hombre,
la sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
de un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
miembros de mármol con sabor de estío,
jugo de esponjas abandonadas por el mar,
flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
libertades memorables, manto de juventudes;
quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
es vil como un rey, como sombra de rey
arrastrándose a los pies de la tierra
para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
límites de metal o papel,
ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
adonde no llegan realidades vacías,
leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces la mano
es hallar una montaña que prohíbe,
un bosque impenetrable que niega,
un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
ávidos dientes sin carne todavía,
amenazan abriendo sus torrentes,
de otro lado vosotros, placeres prohibidos,
bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo estatuas anónimas,
sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
una chispa de aquellos placeres
brilla en la hora vengativa.
su fulgor puede destruir vuestro mundo.


Los placeres prohibidos, de Luis Cernuda, 1931

17 de febrero de 2011

como si no fuera un rayo...

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores


El rayo que no cesa, de Miguel Hernandez, 1936

1 de febrero de 2011

no hay ningún momento que se pueda comparar al amor

solo vine a ver el jardín.
tengo frío en las manos.
frío en el pecho.
frío en el lugar donde en los demás se forma el pensamiento.
no es este el jardín que vine a buscar
a fin de entrar, de entrar, no de salir

por favor, no creas que me lamento.
si comprendieras la voluptuosidad de comprobar

me amaron, a lo menos eso dijeron.
muchos me amaron porque no soy parecida más que a mí
y por otros imponderables más bellos que la sonrisa de la Virgen
________________________________________/ /de las Rocas
.
yo ahora creo amar y me siento acabada, epilogada
¿cómo aprender los gestos primarios
de las pasiones elementales?
.
No me consuela.

31 de enero de 2011

XIII

Una idea fija
una leyenda infantil
una desgarradura

el sol
como un gran animal oscuro

no hay más que yo
no hay qué decir

Los pequeños cantos, de Alejandra, en Árbol de fuego, 1971

1 de enero de 2011

nueva década y despedida

Cuatro estrellas blancas sobre fondo negro
es la Cruz del Sur.
Una luna negra sobre fondo blanco
es
tu lunar
y yo no puedo ni mirar el cielo
sin nombrarte,
yo no puedo ver anochecer
sin recordarte.

Tres Marías blancas van cruzando
un cielo color carbón.
Tus ojos negros dieron en el blanco
de mi corazón
y yo tocando el cielo cada vez
que te miraba,
yo tocando esta canción
mientras te recordaba.

Vuela en
el viento
esta canción,
vuela cruzando la noche,
cruzando camino de tu corazón.


esta es una canción de Drexler,
hasta la vuelta
o lo que vendrá...

30 de diciembre de 2010

inventando las ruinas del mundo

Amor, amor, catástrofe.
¡Qué hundimiento del mundo!
Un gran horror a techos
quiebra columnas, tiempos;
los reemplaza por cielos
intemporales. Andas, ando
por entre escombros
de estíos y de inviernos
derrumbados. Se extinguen
las normas y los pesos.
Toda hacia atrás la vida
se va quitando siglos,
frenética, de encima
desteje, galopando,
su curso, lento antes;
se desvive de ansia
de borrarse la historia,
de no ser más que el puro
anhelo de empezarse
otra vez. El futuro
se llama ayer. Ayer
oculto, secretísimo
que se nos olvidó
y hay que reconquistar
con la sangre y el alma,
detrás de aquellos otros
ayeres conocidos.
¡Atrás y siempre atrás!
¡Retrocesos, en vértigo
por dentro, hacia el mañana!
¡Que caiga todo! Ya
lo siento apenas. Vamos
a fuerza de besar,
inventando las ruinas
del mundo, de la mano
tú y yo
por entre el gran fracaso
de la flor y del orden.
Y ya siento entre tactos,
entre abrazos, tu piel
que me entrega el retorno
al palpitar primero,
sin luz, antes del mundo,
total, sin forma, caos.

de Pedro Salinas, en La voz a tí debida, 1933

20 de diciembre de 2010

¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?

"Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir"
El deseo de la palabra, de Alejandra, 1971

19 de diciembre de 2010

las palabras, son ajenas

¿Si intentara una nube...
una pequeña nube,
modesta,
cotidiana,
transportable,
privada?

Quizás con el recuerdo,
el cansancio,
la pipa,
después de algunas
noches
y de mucha paciencia.

¡Qué alivio el de sentirla debajo del
sombrero
,
o saber que nos sigue
como si fuera un
perro!

Nubífero Anhelo, de Oliverio, 1942

15 de diciembre de 2010

Tu Nombre

Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,
tímida sobre mi hombro.

de Octavio, 1935

8 de noviembre de 2010

una vida más vida nos reclama

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida

Más allá del amor, de Octavio Paz, 1948



leo, leo, leo,
leo el primer verso de la sigueinte hoja
pero no puedo
y vuelvo
y leo

1 de octubre de 2010

No me des tregua

No me des tregua,
no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,

que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,

no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo.

Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita.

Vomítame arena en la boca,
rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide:

las espinas hasta el hueso.
Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre


Encargo, de Julio, 1951

6 de agosto de 2010

el deseo

El reino de la poesía es el "ojalá". El poeta es "varón de deseos". En efecto, la poesía es deseo. Mas ese deseo no se articula en lo posible, ni en lo verosímil. La imagen no es lo "imposible inverosímil", deseo de imposibles: la poesía es hambre de realidad. El deseo aspira siempre a suprimir las distancias, según se ve en el deseo por excelencia: el impulso amoroso. La imagen es el puente que tiende el deseo entre el hombre y la realidad. El mundo del "ojalá" es el de la imagen por comparación de semejanzas y su principal vehículo es la palabra "como" y dice: esto es como aquello. Pero hay otra metáfora que suprime el "como" y dice: esto es aquello. En ella el deseo entra en acción: no compara ni muestra semejanzas sino que revela —y más: provoca— la identidad última de objetos que nos parecían irreductibles (...)
pedacito de El ritmo, de Octavio, 1964

20 de julio de 2010

qué estarán diciendo,
aquellos ojos tuyos,
esos que imagino con los míos,
sin que nunca dejen de ser tuyos.
Por más que yo los cree,
los invente,
nunca dicen lo que quiero.

En los ojos nada es literal,
pero yo quería la piel y el fuego,
quería el gemido desgarrado,
y tus manos agarrando.
Quería saberte instinto y desmesura,
sentir adentro la violencia de los años,
y el sollozo por el tiempo,
aquel que supo ser deseo.

Quería que nos perdamos en el juego de los cuerpos
sin otro destino más que encontrarnos.

26 de mayo de 2010

Parecer,
es, pero no.

Entre ruinas el viento y la lluvia esperan,
comprenden,
saben del vacío.

Evoco amores elementales.

Es el cuerpo temblando
en un espacio que es deseo.
Un espacio que soy.
Un deseo que soy.

No es, pero sí.
Padecer.

Una letra que da existencia.